Este no es un blog: es una cajita de chocolates en una mesa huérfana. Tome cuantos quiera. Eso sí, deje algunos para el resto.

lunes, noviembre 08, 2004

Papá

Hace 40 años
cada mañana mi padre
despertaba
para cambiar el mundo.

Ahora,
mi padre se levanta todas las
mañanas
para regar en su jardín
las rosas.
Ahora él ya no tiene fuerzas
para golpearnos, y tampoco las
tiene
para
amarnos.
Pero un tiempo él nos amó
hasta
el hartazgo. También nos
castigó.
Silenciosamente sonreía
-incluso hablaba algunas
veces-
e hizo muchas cosas en vano
y por nosotros.

Por todo esto,
seguramente cree él que yo
alguna vez
llevaré hasta su tumba
las flores que ahora cuida.

Pero se equivoca.

Esas rosas son un sueño de
viejo
simplemente.
Un delirio senil de pétalos
tiernos
e idiotas que de maleza
inunda
la maceta rota
donde su
vida se marchita.

Si creo que hasta se
ha quedado ciego.

Porque lo he visto penetrar en
los jardines de la Muerte
con una tijera de podar inútil
en la mano.

Y ya no espera casi nada;
sólo aguarda que el sueño de sus rosas
florezca antes de que él
se muera.

Hace
cuarenta años -ya casi
cincuenta-
cada mañana
mi padre despertaba para
cambiar
al mundo.
Ahora
-en cambio-
él todos los días se levanta
para regar en su jardín
las rosas.

Algo ha cambiando en el
mundo, por lo tanto.

Aunque tal vez nunca en el
jardín
lleguen a florecer las rosas.

Lizardo Cruzado

1 Comments:

Blogger ciandra said...

Me parece muy emotivo el poema, si embargo abro tu blog con la esperanza de encontrarme con creaciones propias.

12:19 p. m.

 

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