Este no es un blog: es una cajita de chocolates en una mesa huérfana. Tome cuantos quiera. Eso sí, deje algunos para el resto.

martes, setiembre 28, 2004

Bonjour

El viernes se fue la princecita triste de la voz sincera. La frívola, elegante y saltarina, adicta al juego y a los autos. Pero no se fue entre fierros calientes y retorcidos de accidente en carretera, como le pronosticaron mil veces. La culpa fue de una descompensación cardio-respiratoria. El corolario de su enfermedad incurable. Una falla en la sincronía de sus bioritmos. Una cosa mínima.

Bonjour Tristesse, dijo cuando tenía 19 años: de pronto los agentes le vendieron 4 millones de copias en apenas un lustro, y tristeza pasó a ser la palabra de moda en 22 idiomas. Bonjour princesa triste: porque hace décadas que ya no sonríes ni ingenua ni perversa, sino ebria. Y estar ebria para tí era como los buenos días más vitales.

Bonjour: en cierto sentido el destino te ha favorecido. Hace un año no existias y solo eras un montículo de carnes magras maceradas en alcohol, buenas para la curtiembre de la crítica despiadada. Una frazada que ya no se usa y que queda sola en la esquina de la habitación. Un despojo que vende todas sus propiedades por el juego y la bebida, y que ronda las casas de los amigos pidiendo clemencia y solidaridad. Un llanto en silencio con la cara apagada. Una habitación a oscuras. Tristesse: ahora te recita hasta el ministro de cultura y los que hace tiempo se taparon los ojos irritados por la iniciación de Cecile, harán el mea culpa respectivo.

Es que la celebridad es un buitre que no perdona a los más jóvenes . Menos aún a las chicas honestas, Françoise. Porque el éxito es cobarde y prefiere dar la palmadita de felicitaciones en un hombro descompuesto.